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Mostrando entradas de diciembre, 2020

RESUMEN El Prado De Los Cinco Dueños

  NOMBRE  JOSÉ ADRIÁN PAZMIÑO ENCALADA  CURSO  8VO  PARALELO  A RESUMEN EL PRADO DE LOS CINCO DUEÑOS Junto al río Guadalquivir ,  cerca de la ciudad de Sevilla ,  a ambos lados de sus orillas ,  se extendía un prado alargado .  Sin querer ,  los tenía allí ,  en aquel trozo de hierba .  Al contemplar la hierba fina ,  tierna y limpia ,  pensó que aquel prado era lo que necesitaba .  Podría hacerle un riego diario ,  daría mucha hierba . Cuando vio el verdor del prado reverberando a los últimos rayos del arrebol y los árboles reflejándose en las aguas ,  se acordó con nostalgia de su infancia ,  del ambiente de los oasis africanos en sus años jóvenes .  Al ver el entorno ,  el prado con sus dimensiones precisas y el río acunando el ambiente ,  imaginó la edificación que podría hacer ,  su obra soñada .  Por allí pasó un poeta .  Se sentó en un murete y se quedó lar...

RESUMEN La Casa Nueva

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  NOMBRE  JOSÉ ADRIÁN PAZMIÑO ENCALADA  CURSO  8VO  PARALELO  A RESUMEN LA CASA NUEVA Claro que no creo en la suerte ,  mamá .  Ya está usted como mi papá .  No me diga que fue un soñador; era un enfermo—con el perdón de usted— .  ¿Qué otra cosa? Para mí ,  la fortuna está ahí o ,  de plano ,  no está .  Nada de que nos vamos a sacar la lotería .  ¿Cuál lotería? No ,  mamá .  La vida no es ninguna ilusión; es la vida ,  y se acabó .  Está bueno para los niños que creen en todo: «Te voy a traer la camita» ,  y de tanto esperar ,  pues se van olvidando . Miles de veces habíamos recorrido Melchor Ocampo ,  pero nunca hasta Gutemberg .  La amplitud y la limpieza de las calles me gustaban cada vez más . Tenía la reja blanca ,  recién pintada .  A través de ella vi por primera vez la casa nueva . . .  La cuidaba un hombre uniformado .  Se me hizo tan . . . ...

RESUMEN La Tigresa

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  NOMBRE  JOSÉ ADRIÁN PAZMIÑO ENCALADA  CURSO  8VO  PARALELO  A RESUMEN LA TIGRESA Era un ser afortunado pues además poseía una cuantiosa herencia heredada de su padre .  El problema era que Luisa no sólo poseía todos los defectos inherentes a las mujeres ,  sino que acumulaba algunos más .  Pero ninguno ,  no importa qué tan necesitado se encontrara de dinero ,  o qué tan ansioso estuviera de compartir su cama con ella ,  se arriesgaba a proponerle un compromiso formal antes de pensarlo detenidamente .  Sucedió que en ese mismo estado de Michoacán vivía un hombre que hacía honor al nombre de Juvencio Cosío . Tenía un buen rancho no muy lejos de la ciudad donde vivía Luisa .  Él no era precisamente rico ,  pero sí bastante acomodado ,  pues sabía explotar provechosamente su rancho y sacarle pingües utilidades .  Así fue como llegó a la talabartería de Luisa ,  donde vio las sillas mejor hechas y má...

RESUMEN El Transplante

  NOMBRE  JOSÉ ADRIÁN PAZMIÑO ENCALADA  CURSO  8VO  PARALELO  A RESUMEN EL TRANSPLANTE El gran mago observaba con mirada severa al malhechor que estaba en pie frente a él .  Impasible ,  el gran mago apretó el botón de esmeralda que había sobre su mesa de trabajo .  Eran tan bellas que hicieron soñar a los hombres a lo largo de los días y a lo largo de las noches .  Poco se tardó en saber que no eran nada hurañas y los hombres se trasmitieron la nueva . VENUSINAS Sólo ellas contaban para los hombres ,  y además no resentían el paso del tiempo ,  ellas no envejecían .  Así que ,  cuando medio siglo más tarde llegaron los robustos venusinos ,  sólo quedaban en la Tierra hombres decrépitos y mujeres ancianas .  Como era un planeta de arena muy fina ,  dorados acantilados ,  agua esmeralda y recursos nulos ,  los hombres decidieron transformarlo en centro turístico ,  sin pretender explotar s...

RESUMEN La Rama Seca

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  NOMBRE  JOSÉ ADRIÁN PAZMIÑO ENCALADA  CURSO  8VO  PARALELO  A RESUMEN LA RAMA SECA Apenas tenía seis años y aún no la llevaban al campo. Era por el tiempo de la siega, con un calor grande, abrasador, sobre los senderos. La dejaban en casa, encerrada con llave, y le decían: Que seas buena, que no alborotes: y si algo te pasara, asómate a la ventana y a llama a doña Clementina.  Ella decía que sí con la cabeza. Pero nunca le ocurría nada, y se pasaba el día sentada al borde de la ventana, jugando con «Pipa». Doña Clementina la veía desde el huertecito. Sus casas estaban pegadas la una a la otra, aunque la de doña Clementina era mucho más grande, y tenía, además, un huerto con un peral y dos ciruelos. Al otro lado del muro se abría la ventanuca tras la cual la niña se sentaba siempre. A veces, doña Clementina levantaba los ojos de su costura y la miraba. —¿Qué haces, niña? La niña tenía la carita delgada, pálida, entre las flacas trenzas de un negro mat...