SEMPRONIO LENGUA Y LITERATURA
NOMBRE JOSÉ ADRIÁN PAZMIÑO ENCALADA CURSO 8VO PARALELO A
RESUMEN
SEMPRONIO
Habitación en casa de Sempronio. Pocos muebles, humildes. Una silla
en el centro de la escena dando frente al público. A un costado, una
pequeña mesita para planchar ropa. Al levantarse el Telón, nadie.
Lentamente, entra Sempronio. Es un hombre que pasa algo de
los sesenta años. Toma su silla y se coloca frente al público. Mira
distraídamente hacia adelante. Silba. Queda así.
Con la plancha en la mano, arrastrando el cordón con el enchufe y una
canasta de ropa para planchar, entre Olga. Edad proporcionada a la
de su marido. Avanza decididamente hacia la mesita, acomoda la ropa
como para empezar el trabajo. Habla mientras acciona.Olga. (Arreglando ropa.) Ahora ya no hace falta la calefacción. Los
días vienen más templados...
Sempronio. (La mira y esboza una sonrisa.) Nunca se sabe. De pronto
llueve y refresca.
Olga. (Termina de acomodar la ropa. Vuelve a tomar la plancha.
Se acerca a Sempronio, que continúa silbando bajito, y le coloca
el enchufe entre la camisa y el cuello. Todo esto con mucha
normalidad, sin tratar de destacarlo expresamente.) A ver... ladea
un poco más el cuello, por favor... (Sempronio obedece.) ¿Te
molesta?
Sempronio. ¡No! ¡Qué idea! ¡Cómo me va a molestar! (Sonríe.)
Olga. No... pero el lunes me apretaste demasiado el enchufe y casi
quemas la plancha. (Espera un instante con la plancha en la
mano. Luego moja su dedo en la lengua y toca ligeramente
la plancha, para probarla. Retira el dedo rápidamente como
si oyera el clásico chasquido.) ¡Ya está! (Le deja conectado el
enchufe y comienza a planchar. Habla sin mirar a Sempronio.)
¡Sempronio!...
Sempronio. Sí…
Olga. Convendría que hablaras con Susanita...
Sempronio. (Un poco alarmado.) ¿Con Susanita? ¿Qué le ocurre a la
nena?
Olga. Como ocurrirle... nada. Pero se está entusiasmando mucho con el
baile, y me parece demasiado chica todavía, para estas cosas.
ACTO PRIMERO
Habitación en casa de Sempronio. Pocos muebles, humildes. Una silla
en el centro de la escena dando frente al público. A un costado, una
pequeña mesita para planchar ropa. Al levantarse el Telón, nadie.
Lentamente, entra Sempronio. Es un hombre que pasa algo de
los sesenta años. Toma su silla y se coloca frente al público. Mira
distraídamente hacia adelante. Silba. Queda así.
Con la plancha en la mano, arrastrando el cordón con el enchufe y una
canasta de ropa para planchar, entre Olga. Edad proporcionada a la
de su marido. Avanza decididamente hacia la mesita, acomoda la ropa
como para empezar el trabajo. Habla mientras acciona.
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Sempronio. (Medita. Luego se enternece.) Oh... la pobrecita estudia toda la semana.
Es justo que de cuando en cuando... Está en la edad en que esas músicas son
importantes. (Más enérgico.) Además, a mí me gusta verla bailar las danzas
que se usan ahora.
Olga. A vos todo lo que hace Susanita te parece bien. No te das cuanta que se
empieza así, interesándose en la música… Y después se aprende a bailar…
Sempronio. Bueno… ¿Te olvidas que nosotros hacíamos lo mismo? La nena es una
muchachita cariñosa y bien educada que estudia mucho sus lecciones
y cumple todo lo que le pedimos. No veo nada de malo que le guste un
cha-cha-cha, un mambo… o un… sucu-sucu…
Olga. (Escandalizaba.) ¿No ves? ¡Vos también estás aprendiendo! ¡Parece mentira,
a tus años!
Sempronio. A la nena porque es joven. A mí porque soy viejo. Me queréis decir
a qué edad debe un ser humano bailar el rock’n roll.
Olga. ¡Sempronio!
(Entra Susanita muy apurada, con una pequeña radio, arrastrando por el piso el
cordón con el enchufe).
Susanita. ¡Papito!
Olga. (Desalentada.) ¡Y con la radio encima! ¡Parece que tendremos concierto!
Susanita. Claro. Son las diez y media. ¡Es hora del rock! Hoy es domingo… (Se
acerca al padre.) Permiso, papito. (Lo besa y le coloca el enchufe de la radio,
del otro lado del cuello.) Sos el ángel de esta casa. (Se pone en actitud de
comenzar a bailar. De pronto recuerda que falta algo. Se le ilumina la cara
y tomando un brazo de Sempronio, lo levanta bien alto. La radio rompe a
sonar con un rock’n roll frenético).
Sempronio. Susanita… este… tu madre me decía… es decir… estamos conversando
con tu madre a propósito de esos bailes modernos que tanto te agradan…
Susanita. (Marcando pasos suaves en su sitio.) Sí… ¿qué ocurre?
Olga. Que no son cada bueno para una jovencita como vos.
Susanita. ¡Mamá, por favor! No querrás decir que por la simple costumbre de bailar,
me voy a echar a perder.
Olga. Vos sabes bien lo que quiero decir.
Susanita. Sí, pero para esas malas costumbres, no hacen falta bailes modernos. Al
contrario, con un vals antiguo y romántico pueden ser mucho más peligrosas.
Entra Diego. Es el hijo mayor del matrimonio. Joven técnico de mucho provenir,
trabajador, simpático, sus maneras resulten a veces excesivamente serias y graves.
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Diego. ¡Buenos días! (Grita.) ¡Buenos días! (Lo miran. Él mira fijamente a Susana.) ¿Se podrá
leer el diario en esta casa o nos volveremos todos locos? (Se acerca a Sempronio y le
baja el brazo hasta que la radio es sólo un susurro.)
Sempronio. ¿Qué ocurre? (Todos miran a Diego. La radio baja sola.)
Diego. ¿Leíste el diario?
Sempronio. No, todavía no. ¿Por qué?
Diego. Hay una noticia medio rara. Escucha. (Lee.) Curiosa radioactividad. A pesar del secreto
policial, ha trascendido que las autoridades están muy ocupadas por ciertos trastornos
radioactivos aparecidos en un barrio de esta ciudad. (Baja el diario.) Podría ser que…
se tratara de nosotros, viejo.
Sempronio. ¿Te parece? Sin embargo, no creo que yo haya ocasionado eso que dice allí.
Trastornos radioactivos… alarma…
Susanita. ¿Te pueden hacer algo, papito?
Olga. ¿Qué le van a hacer? Sempronio no hace mal a nadie. Además, la corriente no la roba.
La música se interrumpe y se oye la voz urgente del locutor.
Radio. ¡Atención! Interrumpimos momentáneamente nuestro programa para transmitir una
noticia de último momento. Se relaciona con la extraña aparición de radioactividad
en Buenos Aires y dice así: Se comunica a la población de toda la ciudad que se ha
logrado localizar, sin lugar a dudas, el origen de las manifestaciones radioactivas
que se venían haciendo notar en nuestra ciudad. Según informaron esta mañana las
autoridades, tales manifestaciones provienen del barrio de Balvanera, particularmente
de una manzana ocupada por viviendas, que ya ha sido aislada y rodeada por la
policía. Es la manzana que se encuentra comprendida entre las calles Rivadavia,
Bulnes, Salguero y Bartolomé Mitre. Se esperan más informaciones.
Sempronio deja caer los brazos y la radio calla del todo.
Diego. Somos nosotros, no hay dudas.
Susanita. Y dice que la policía rodea la manzana.
Olga. Diego, mejor asómate vos, a ver si distinguís algo...
Susanita. (Ve algo y se asusta.) Diego... fíjate allá...
Diego. (Que se asoma.) ¿Qué hay? No veo nada.
Susanita. (Señala.) Aquello ¿qué es?
Por el sitio donde señala Susana aparecen el Altísimo Comisionado y el Sabio. El Altísimo
Comisionado es un hombre corpulento, autoritario, prepotente, muy fatuo y satisfecho de sí
mismo. El Sabio es pequeño. Usa una enorme barba blanca y lleva en la mano una cajita
negra, tipo contador Geyger.
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Altísimo Comisionado. Usted, profesor, vaya por allí mientras yo investigo esta parte.
Sabio. (Corriendo con su cajita hacia un costado, como si hubiera pescado algo entre
el público.) Aquí hay algo... (Oye.)... Sí, parece que... (Cambia de rumbo.)
Mejor parece que es por aquel lado. (Recorre otro sector de público.) A ver...
(Habla para sí.) Ingeniero... poeta... nada radioactiva... reloj de oro... brillante
falso... dolor de muelas... (Se vuelven.) Por aquí no es.
Altísimo Comisionado. Yo tampoco siento nada. (Con un poco de miedo.) Mejor... nos
vamos, ¿no?
Por el aire, de ninguna parte en especial, se empieza a oír con fuerza un latido
acompasado y persistente.
Sabio. ¡No... oiga! ¡No podemos dejar esto así! ¿Si fuera una bomba?
Altísimo Comisionado. (Se prepara para huir.) ¿Una bomba? ¿Usté cree? Entonces
mejor... nos vamos. Yo no soy ningún recolector de bombas escondidas. Soy
un alto funcionario. No puedo arriesgarme. (Va saliendo.) ¡Vamos!
Sabio. ¡Si usted lo ordena, yo deberé informar que no pude localizar el origen de las
manifestaciones, porque usted me lo ordenó!
Altísimo Comisionado. No, porque entonces me pedirán la renuncia…
Yo entraré en alguna de estas cosas a pedir un vaso de agua un poco...
Sabio. (Solícito.) ¿Se siente mal? (Avanza hasta él.) Podemos descansar un momento.
Lo acompañaré.
La escena ha sido vista en todo momento desde la ventana imaginaria por los hijos de
Sempronio y Olga. Llegan hasta la puerta y el sabio apoya su dedo contra el timbre.
Sempronio. (Impersonal, quieto, mirando hacia el vacío) ¡Trrrrrrrrrrriiiiiiiiiiin!
Olga. Tocaron el timbre, ¿Qué hacemos?
Diego. No les abras. Necesitan orden de allanamiento firmada por el Juez.
Susanita. Pero si la tienen echarán la puerta abajo.
Sempronio. Abran esa puerta.
Olga. No, viejo...
Sempronio. (Mientras el sabio oprime otra vez el timbre.) ¡Trrrrrrrriiiiiiiiiin!
Olga. Se impacientan.
Susanita. (Va hacia la puerta.) ¡Abro y les digo que papá no está! (La sigue Diego
y luego Olga. Sempronio, muy tranquilo, con los cables conectados, queda en
su sitio y puede silbar indiferente. Susana abre y los enfrenta.) ¿Qué... desean
los señores?
Altísimo Comisionado. Vea, yo soy...
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El latido en el aire se hace insoportable.
Sabio. ¡Un momento! ¿Me permite? (Le acerca el contador a Susana. El
comisionado da un salto atrás.) ¡No hay duda... es aquí! (Entra.)
Susanita. No se puede pasar, señor. (Pero el sabio ya está adentro y luego de dar una
vuelta alrededor de Susana, recorre la pieza a largos trancos de petizo con su
contador.) Le repito que no se puede.
Diego. (Al Alto Comisionado.) Un momento. ¿Qué viene a hacer usted aquí? ¿Con
qué derecho?...
Altísimo Comisionado. (Avanzando ahora que el sabio ha descubierto a Sempronio
y da vueltas rítmicas alrededor, al compás de los latidos, mientras lo mira
con curiosidad.) Profesor, ¿éste es el origen?
Sabio. (Bajando el volumen de su caja.) Sin ninguna duda. (Muestra la caja.) Puede
acercarse. ¡Es una verdadera pila atómica!
Altísimo Comisionado. (Señalando los cables.) ¿Y eso? (El sabio los desconecta
y mira la plancha y la radio.) ¡Inconscientes!
Diego. ¿Pero se puede saber quiénes son ustedes?
Susanita. ¡Retírense inmediatamente de esta casa y dejen tranquilo a mi papito!
Altísimo Comisionado. (Indignado.) Inconscientes... (A Sempronio.) ¡A ver, usted,
levántese! Sempronio muy tímidamente se levanta. (El Altísimo Comisionado
grita histérico.) ¡Rápido, nombre y apellido!
Sempronio. Perdonen, señores. Pero todavía ésta es mi casa y aquí no estamos
acostumbrados a los gritos. Además, si tuvieran a bien decirme, ¿quiénes son
ustedes?
Altísimo Comisionado. ¡Soy el Altísimo Comisionado para la Energía Atómica!
Sempronio. (Tendiéndole la mano.) Mucho gusto...
Altísimo Comisionado. (Da un salto atrás y grita.) ¡No me toque!
Sabio. (Más dulce.) Perdónenos, señor. Pero estamos cumpliendo órdenes
superiores muy estrictas. Las autoridades nos han enviado a buscar el origen
de ciertas manifestaciones radioactivas en este barrio... y usted parece ser
el origen... El señor es un altísimo funcionario. Tiene facultades suficientes
en estos casos, para usar la fuerza pública, allanar domicilios, hacer
interrogatorios...
Altísimo Comisionado. Y poner presos a todos.
Sabio. A todos los que dificulten su trabajo. De modo que es preferible que
nos entendamos desde el principio. Yo soy el Profesor Germán Noclis,
Altísimo Físico Matemático, y usted permitirá que también yo le haga unas
preguntas...
Sempronio. No tengo ningún inconveniente, señor.
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Sabio. En primer lugar... ¿Cómo ha hecho para volverse radioactivo?
Diego. No le cuentes nada, papá. Todo esto no está claro.
Sempronio. Bueno, es que ni siquiera sé qué contarles. Nunca en mi vida había
sentido nada por el estilo. Y una mañana, hace cerca de tres meses, desperté
con muchísima sed. Como nunca bebo nada a esa hora, me levanté un poco
extrañado y fui hasta la cocina a servirme agua. Allí fue lo curioso. El agua
salía fría de la canilla, pero al llegar a mis labios, estaba hirviendo. Dejé caer
el vaso y para no quemarme salté hacia atrás. Al apoyarme en la cocina,
empezó a funcionar. Probé entonces con la radio y me oí todo el informativo...
Después... no sé... mi esposa quiso llamar al médico, pero... yo no me sentía
enfermo, y además, los viejos siempre tenemos miedo que nos vean los
médicos.
Sabio. ¿Y qué hizo entonces?
Sempronio. De acuerdo con mi familia, comencé a usar mi corriente para hacer
andar las cosas de la casa. La radio, la plancha, la cocina, el calefón, la estufa.
Todo anda a las mil maravillas conmigo. Aparte que sale mucho más barato. Y
mientras, yo me entretengo.
Olga. No veo que hagamos mal a nadie, señor.
Sabio. ¿Usted trabaja en algún laboratorio? ¿Hace experiencias?
Sempronio. No, señor. Yo no trabajo.
Susanita. Mi papito está jubilado.
Sabio. ¿Y qué clase de vida hace?
Sempronio. Me levanto... le sirvo corriente a mi mujer, a mis hijos que van al trabajo
o estudian, le doy radio a la nena para que baile.
Altísimo Comisionado. ¡Silencio! (Pausa. Mira desafiante a todos.) Yo lo interrogaré.
¿Tiene amigos que trabajan en energía nuclear?
Sempronio. No, señor. Apenas si salgo de casa una vez cada dos o tres meses.
Altísimo Comisionado. ¿Dónde va?
Sempronio. A un club de filatélicos, del que soy socio. A veces hacemos reuniones.
Nos mostramos las estampillas…
Altísimo Comisionado. Así que estampillas… ¡Bueno, el caso está claro!
(Militarmente, con solemne postura.) Señor… (No sabe el nombre.)
Sempronio. Sempronio.
Altísimo Comisionado. ¡Señor Sempronio!: En nombre de la Altísima Comisión de
Energía Atómica, de la que soy Presidente, y en uso de las facultades de las
que estoy investido. Es para mí un motivo de sincera emoción, en nombre
de los más altos intereses que represento, darle la bienvenida. Y agradeceros,
sobre todo, la buena voluntad con que os disponéis a acompañarnos,
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sacrificado vuestra libertad y además comodidades domésticas, para entregaros
por entero al cumplimiento del deber.
Sempronio. Libertad… deber… ¿Quieren decir que me llevan con ustedes?
Altísimo Comisionado. ¡Por supuesto! ¡Usted es propiedad de la Nación!
Olga. ¡Qué propiedad ni que propiedad! ¡Es mi marido! Y de aquí no se lo van a
llevar. ¡No está en edad de andar solo por ahí!
Altísimo Comisionado. ¡Silencio! Les recomiendo a ustedes que no intenten ningún
escándalo. Todos ustedes han estado abusando sin permiso de la corriente de
esta pila atómica, propiedad inalienable, imprescriptible e intransferible de la
Nación. No pienso tomar medidas, pero tampoco voy a tolerar que se discutan
mis disposiciones. ¡Venga con nosotros!
Olga. ¡Pero es mi marido!
Susanita. ¡Pero es mi papito!
Diego. ¡Pero es un atropello!
Altísimo Comisionado. ¡Es el rey! ¡Y ahora, les ruego señores, que no dificulten mi
tarea! Abnegación, señores. ¡Abnegación! ¡Y renunciamiento! Cualquier cosa
que le ocurra a la pila será bajo mi responsabilidad. Hasta que le den entrada
en el Inventario de la Comisión. (A Olga.) Le daré un recibo provisorio. (Firma
un papel, lo entrega.) Sírvase, señora.
Olga. Yo no quiero un recibo. Yo quiero a mi viejo. (Llora.)
Diego avanza un paso y Sempronio lo contiene.
Sempronio. Quieto, Diego. El señor cumple órdenes. Ya se arreglará todo. (A los hijos.)
Cuiden mucho a su mamá. Vos, Diego… decirle a los muchachos del club que
disculpen… (Se le arrojan a los brazos.)
Diego. Moveremos cielo y tierra para sacarte.
Susanita. ¡Papito!
Olga. ¡Vuelve pronto, viejo!
Sempronio se desprende dulcemente y camina hacia la escalera. Van bajando. Sale. En
la ventana los tres asomados, están tristes y caídos.
Olga. Nena, cerrá esa ventana.
Susana, muy triste, va desenrollando en el aire la cinta que baja la cortina imaginaria.
Coincidiendo con ello, en lugar de la cortina de la ventana, cae lentamente el
MAS QUE UN MENSAJE UN ANALISIS
La historia se basa en un señor mayor quien por la radioactividad, puede producir energía electriza común generador atómico, este señor proporciona energía a su familia y amigos, pero un agente del gobierno solo quiere utilizarlo con malas intenciones.
Contexto de producción
Hay cosas, como La energía nuclear que aun no podemos controlar al 100%, y a pesar de ello la usamos para nuestro beneficio y en algunos casos para nuestra propia aniquilación.
Esta obra de Agustín Cuezan fue escrita en una época donde el gran descubrimiento era la energía nuclear, la primera guerra mundial acababa de terminar y las potencias mundiales se apresuraban para obtener el mejor armamento para posibles ataques posteriores, sin importar si las ideas fueran de ellos o robadas por espías en países enemigos, ya que en el mundo se vivía un momento de tensión y de falsa paz. Supongo que por ello en la obra se pueden observar estas circunstancias sobro todo con el personaje del “Altísimo comisionado” quien pensaba que todo el mundo tenia espías sobre el, tratando de robar sus ideas. Y hasta el mismo tratando de desarrollar bombas más avanzadas para así vencer a sus enemigos.
Contexto de producción
Hay cosas, como La energía nuclear que aun no podemos controlar al 100%, y a pesar de ello la usamos para nuestro beneficio y en algunos casos para nuestra propia aniquilación.
Esta obra de Agustín Cuezan fue escrita en una época donde el gran descubrimiento era la energía nuclear, la primera guerra mundial acababa de terminar y las potencias mundiales se apresuraban para obtener el mejor armamento para posibles ataques posteriores, sin importar si las ideas fueran de ellos o robadas por espías en países enemigos, ya que en el mundo se vivía un momento de tensión y de falsa paz. Supongo que por ello en la obra se pueden observar estas circunstancias sobro todo con el personaje del “Altísimo comisionado” quien pensaba que todo el mundo tenia espías sobre el, tratando de robar sus ideas. Y hasta el mismo tratando de desarrollar bombas más avanzadas para así vencer a sus enemigos.
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